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La historia de la cerveza

Historia antigua

 

Nadie conoce realmente la verdadera historia de los eventos que hace miles de años llevaron al hombre al descubrimiento de la cerveza, se podría contar que:

 

"Hace miles de años uno de nuestros ancestros accidentalmente dejó a la interperie el grano que intentaba para hacer pan, sin saberlo la humedad causó que el grano germinara y el hombre lo molió para hacer su alimento, sin embargo, la noche cayó encima antes de que completara su tarea; otras ocupaciones más apremiantes y placenteras lo esperaban en su cueva, pocos días después recordó su olvidado grano, y debiendo terminar con su tarea de "hacer pan", observó que el pan se había separado en una masa y un líquido. Encontró que había sufrido un cambio espontáneo, descubrió que el líquido era bueno y que producía en él una sensación de bienestar; ese líquido daba una nueva perspectiva a su precaria existencia... este efecto, todavía no sobrepasado y altamente apreciado hasta nuestros días, fue acreditado por él a la "intervención divina". Indudablemente, el vino de grano era digno de los dioses, tanto por su sabor como por sus efectos... de este modo, con la bendición del cielo, la cerveza apareció por primera vez sobre la tierra: ¡Alabado sea El Señor!"

 

Numerosos antropólogos aseguran que hace cíen mil años el hombre primitivo elaboraba una bebida a base de raíces cereales y frutos silvestres que antes masticaba para desencadenar su fermentación alcohólica; El liquido resultante lo consumía con deleite para relajarse. La mención más antigua de la cerveza, "una bebida obtenida por fermentación de granos que denominan siraku", se hace en unas tablas de arcilla escritas en lenguaje sumerio y cuya antigüedad se remonta a 4.000 años a.C. En ellas se revela una fórmula de elaboración casera de la cerveza: se cuece pan, se deshace en migas, se prepara una mezcla en agua y se consigue una bebida que transforma la gente en "alegre, extrovertida y feliz".

El pueblo egipcio y todos aquellos asentados en Mesopotamia disfrutaban de su sabor y fueron precisamente los Egipcios quienes lograron darle esa frescura, aroma y delicioso amargor al añadirle en su composición la femenina flor del lúpulo.

Los egipcios, recogiendo los métodos sumerios, elaboran una cerveza que bautizan con el nombre de "zythum", descubren la malta y añaden azafrán, miel, jengibre y comino con objeto de proporcionarle aroma y color.

Según la mitología egipcia, fue Osiris, dios de la agricultura, quien enseñó a la humanidad el arte de fabricar cerveza. La cerveza egipcia se producía enterrando cebada en recipientes de germinación; la papilla de malta fermentaba por la acción de levaduras salvajes.

Desde Oriente Medio, la cerveza se extiende por los países de la cuenca oriental del Mediterráneo. Y si entre los romanos y los griegos fue considerada una bebida de a gente llana, los pueblos del norte de Europa festejaban con cerveza las fiestas familiares, las solemnidades religiosas y los triunfos sobre sus enemigos.

Después de la caída del imperio romano, por casi toda Europa, desde Inglaterra y Alemania en el norte hasta España en el sur, la cerveza fué perfeccionando su proceso de elaboración.

En la Edad Media nacería la "cerevisa monacorum", cerveza de los monjes con denominación de origen, cuyo secreto guardaba celosamente cada fraile boticario.

Los conventos, en aquellos tiempos, eran albergues de peregrinos y hospitales. Para alimentar a tantos huéspedes, los religiosos cultivan, cocinan y elaboran cerveza. De este modo nacieron las primeras "cervezas de monjes", que existen todavía en Bélgica y Alemania, y que se bautizarán con el nombre de sus monasterios o de las comunidades religiosas.

En el siglo X, en Sant Gall, famosa abadía suiza, el monje benedicto Magnus, hoy patrón de los cultivadores de lúpulo, introduce la costumbre de hacer tres tipos de cerveza: * corriente, de bajo contenido en alcohol, para ofrecer a peregrinos y mendigos,

- una variedad más alcohólica, para el consumo interno de los monjes,

- una tercera "extra", para reyes, nobles y altos cargos eclesiásticos.

Otra santa, Hildegarda, abadesa de un convento de Francia, añadió a la fermentación lúpulo, dando un punto amargo a la cerveza en el siglo XI, aunque su empleo no se generalizó hasta el siglo XV.

En el siglo XIII, la cerveza sale de los conventos y se extiende por Alemania, Francia, Suiza, Flandes y Alsacia. Carlos I de España y V de Alemania la popularizó en nuestro país. Por primera vez se menciona la palabra "cerveza" en un texto oficial que data de 1435, de los maestros cerveceros de Saint-Geneviève, en París.

Los secretos que implicaba la fabricación de esta maravillosa bebida fueron transmitidos de generación en generación dentro de la familia. Más tarde, en la era de las conquistas y los descubrimientos, el consumo de cerveza cruzó los mares y llegó al nuevo mundo en galeones españoles, enriqueciendo las bebidas autóctonas, elaboradas a base de maiz fermentado y frutas tropicales.

Entre los siglos XIV y XVI surgen las primeras grandes factorías cerveceras, entre las que destacan las de Hamburgo y Zirtau. A finales del siglo XV, el duque de Raviera Guillermo IV promulga la primera ley de pureza de la cerveza alemana, que prescribía el uso exclusivo de malta de cebada, agua, lúpulo y levadura en su fabricación.

La auténtica época dorada de la cerveza comienza a finales del siglo XVIII con la incorporación de la máquina de vapor a la industria cervecera y el descubrimiento de la nueva fórmula de producción en frío, y culmina en el último tercio del siglo XIX, con los hallazgos de Pasteur relativos al proceso ce fermentación.

 

Historia de la cerveza en España

 

Se dice que la cerveza fue introducida en España, un país tradicionalmente vinícola, por Carlos V en el siglo XVI. Tras su abdicación, el emperador instaló una pequeña fábrica de esta bebida en el monasterio de Yuste, al que le había acompañado un maestro cervecero. A partir de entonces, el consumo de cerveza en nuestro país evoluciona lenta y positivamente y en torno a 1900 aparecen las grandes compañías cerveceras españolas: Mahou (1890), Aguila (1900), Cruz del Campo (1904) y Damm (1910).

Su baja graduación alcohólica y sus propiedades refrescantes contribuyeron a que, a partir de la década de los sesenta, la cerveza se situase entre las bebidas más consumidas en España, a lo que también contribuyó el aumento del turismo.

Sin embargo, en los últimos seis años el sector cervecero registra una progresiva tendencia a la baja en el consumo y en la producción, justificada -en opinión de Jacobo Olalla, director General de Cerveceros de España- por la crisis del sector de hostelería y restauración, entre otras causas.

El bebedor español de cerveza, cada día más selectivo en la elección de marcas y estilos, consume una media de 64,75 litros de esta bebida al año, siete menos que hace seis. No obstante, no todos los datos son desalentadores. Mientras redujo la importación de cerveza extranjera, España exportó a todo el mundo 357.613 hectolitros de producción nacional. Cabe subrayar el auge que ha experimentado la cerveza sin alcohol entre nuestros consumidores, hasta alcanzar un porcentaje que supone el 10% del consumo nacional.

Cerveceros de España, antes Asociación Nacional de Fabricantes de Cerveza, fundada en 1977, vela hoy por los intereses de las doce empresas productoras de cerveza existentes en nuestro país.